Un recorrido por la historia del campo
MESTALLA
Del Camp de l'Algirós al Nou Mestalla. Más de cien años de partidos, riadas, mundiales y leyendas sobre el mismo trozo de huerta valenciana.
Empieza el recorridoEsta web cuenta la historia del estadio, no la del club: sus muros, sus obras, las riadas que lo alcanzaron, los mundiales y finales que albergó, y los grandes futbolistas —de blanco o de rival— que pisaron su césped. Fuentes principales: Ciberche.net, hemeroteca de Las Provincias, Valencia CF y Wikipedia. Proyecto no oficial, con fines divulgativos.
El Camp de l'Algirós
Antes de Mestalla hubo un solar de huerta. Dos socios, Octavio Augusto Milego y Gonzalo Medina, arrendaron el terreno de Algirós a su propietario por 100 pesetas al mes. Faltaba vallarlo, levantar casetas y taquillas: lo pagó una donación anónima de 25.000 pesetas que, se sabría después, era el dinero que Medina tenía ahorrado para su boda. La aplazó por el campo.
El Camp de l'Algirós —91 por 47 metros, con una pequeña grada maciza— se inauguró el 7 de diciembre de 1919 con un amistoso ante el Castalia de Castellón (0-0); al día siguiente el Valencia ganó 1-0. La capacidad, pensada para 5.000 espectadores, se quedó pequeña casi de inmediato y se amplió hasta 8.000. En 1923 el club necesitaba ya un campo mayor.
Las Provincias, 7 de diciembre de 1919: anuncio de la inauguración
Nace Mestalla
El nuevo campo se construyó junto a la Séquia de Mestalla, una de las acequias históricas de la huerta valenciana que los aficionados que venían del centro debían cruzar para llegar a las gradas. De ahí el nombre que, con el tiempo, dejaría de ser el de un riego para convertirse en el de un estadio.
Se inauguró el 20 de mayo de 1923 con un amistoso frente al Levante F.C. (1-0), con una capacidad inicial de unos 17.000 espectadores y una fachada de ladrillo visto que durante décadas fue la imagen de postal del club.
La Guerra Civil
El conflicto detuvo el fútbol y dejó su huella en el estadio, usado con fines ajenos al deporte durante los años de guerra. Terminada la contienda, el club emprendió una reconstrucción lenta pero decidida que sentaría las bases de su etapa más gloriosa.
El «Gran Mestalla» de Luis Casanova
Bajo la presidencia de Luis Casanova Giner (1940-1959) llega la etapa dorada del club —tres Ligas y varias Copas— y el estadio crece con ella. Nace el «Gran Mestalla»: la característica fachada de arcos que multiplicó el aforo hasta superar los 45.000 espectadores y que se convertiría en la imagen icónica del recinto durante medio siglo.
Tan determinante fue su figura que, en 1969, el estadio pasaría a llevar su nombre durante veinticinco años.
La Gran Riada
El desbordamiento del río Turia a su paso por Valencia dejó al menos 81 víctimas mortales y una ciudad devastada. Mestalla quedó completamente anegado: las butacas de tribuna flotaban sobre el césped, y vestuarios y sistemas eléctricos sufrieron daños severos.
Pero el estadio también fue refugio: los bomberos subían a la gente a los tejados y de allí a las rampas de Mestalla, y buena parte del barrio se salvó trepando a sus gradas. La catástrofe impulsó el Plan Sur, que desvió el cauce del Turia alrededor de la ciudad —hoy los jardines del antiguo río— y que se completaría en la década de 1970.
Luz eléctrica y nuevas gradas
En 1959 Mestalla estrena iluminación eléctrica, abriendo la puerta a los partidos nocturnos y a la naciente competición europea. El 23 de agosto de 1969, a propuesta de la directiva, el campo pasa a llamarse oficialmente Estadio Luis Casanova.
En 1972 se inaugura tras la grada central la nueva sede social del club, con sala de trofeos y un diseño entonces vanguardista; un año después nace la grada de «Sillas Gol», que sustituye catorce filas de pie por asientos numerados. El estadio no dejaba de transformarse.
Mestalla, sede del Mundial
Como Luis Casanova, el estadio se somete a nuevas obras de ampliación para acoger la Copa del Mundo de España 1982. Fue sede del grupo de la selección española: el 16 de junio empató 1-1 ante Honduras, el 20 de junio venció 2-1 a Yugoslavia y el 25 de junio cayó 0-1 ante Irlanda del Norte, quedando eliminada en su propia casa.
Dos jugadores del Valencia CF, Miguel Tendillo y Enrique Saura, defendieron a España en «su» estadio; Saura marcó el gol de la única victoria española en aquel Mundial.
Los pies que pisaron Mestalla
Vistiendo de blanco o de rival, de club o de selección, algunos de los mejores futbolistas de la historia han dejado su huella en el césped de Mestalla.
Maradona pisó suelo español por primera vez en 1979, jugando en Mestalla con la selección juvenil argentina, años antes de convertirse —ya con el Barça— en protagonista habitual de los Valencia-Barcelona. Ya en el siglo XXI, nombres como Cristiano Ronaldo, Messi o Neymar siguieron sumando capítulos a esta historia, siempre vistiendo de rival.
Sede de grandes finales
Sin que el Valencia jugara ninguna de ellas, Mestalla ha sido escenario de varias finales de Copa del Rey. La primera, el 16 de mayo de 1926, la disputaron el F.C. Barcelona y el Atlético Madrid ante 17.000 espectadores —esta misma fotografía recoge uno de aquellos primeros grandes partidos del Mestalla de los años veinte—. Llegarían después las de 1998 (Barcelona-Mallorca) y 2000 (Espanyol-Atlético Madrid), y ya en el nuevo milenio dos «clásicos» entre Real Madrid y F.C. Barcelona, en 2011 y 2014, antes de que la final emigrara de forma fija a La Cartuja de Sevilla.
Un recordatorio de que, además del Valencia CF, por Mestalla ha pasado buena parte de la historia grande del fútbol español.
Mestalla vuelve a llamarse Mestalla
Tras veinticinco años como Luis Casanova, el propio Casanova apoyó —poco antes de fallecer en 1999— que el estadio recuperara su nombre histórico, algo que se hizo oficial en 1994. El campo volvía a llamarse como la acequia que le dio origen.
Bajo aquellas gradas de butacas azules llegaría después la mejor etapa europea del club: dos finales de Champions League consecutivas, en 2000 y 2001 —ambas perdidas—, y la conquista de la Copa de la UEFA en 2004. Mestalla vibró en noches inolvidables bajo los focos.
El cambio de piel: naranja y negro
Nuevas obras de modernización repintan las butacas —hasta entonces azules— con el naranja y negro que identifican a Mestalla hoy en día. En la Grada de Mar aparece el gran murciélago de casi 90 metros que desde 2013 preside el estadio, junto al lema «This is Mestalla» y los años de cada título grabados en el graderío.
En paralelo, a apenas unos cientos de metros, arrancaban en agosto de 2007 las obras de un nuevo estadio: el Nou Mestalla.
La afición y los abonados
Ningún estadio se sostiene solo con hormigón. Desde los años veinte, hacerse socio del Valencia CF —el «abono»— se convirtió en una tradición que se hereda de padres a hijos: localidades que llevan generaciones en la misma familia, en la misma fila, viendo los mismos colores.
Esa fidelidad ha hecho de Mestalla, por su cercanía de las gradas al césped, uno de los campos más temidos por los rivales en las noches grandes. Hoy, camino ya de su despedida, el estadio sigue sumando socios: la temporada 2025-26 arrancó con más de 40.000 abonados y una ocupación media superior al 90% de su aforo.
En la imagen, el mosaico «Sentiment Valencianista» desplegado por toda la grada en 2009: la afición, unida, como parte más del estadio.
La Curva Nord
En 1983 nace Yomus, el primer gran grupo de animación de Mestalla: sin ideología política, reunió desde el principio a jóvenes de distintas tribus urbanas de la ciudad y del área metropolitana bajo un mismo cántico. En 2011 surge una segunda peña, Gol Gran, con la misma vocación de hacer ruido.
A partir de la temporada 2012-13 el club cedió a ambos colectivos el fondo del estadio para animar de forma conjunta, y de esa unión nació la Curva Nord: coreografías, banderas y cánticos ininterrumpidos que, declarada apolítica y pacífica, dieron color y volumen a un fondo entero de Mestalla durante años.
Tifo de la Curva Nord: «Units com sempre des de 1919»
Mestalla también es memoria
Más allá del hormigón, Mestalla es la gente que lo ha sostenido durante un siglo: utilleros, masajistas, empleados y aficionados que han hecho del estadio un hogar. Bernardo España, «Españeta» (1938-2020), fue durante décadas una de esas figuras silenciosas e imprescindibles del vestuario valencianista.
«Yo he nacido para vivir y morir por el Valencia CF», dejó dicho. Su muro de flores y velas frente a Mestalla, tras su fallecimiento, es uno más de los recuerdos que conviven en cada rincón del estadio.
Mural de homenaje a Bernardo España, «Españeta» (1938–2020), a las puertas de Mestalla
La DANA: Mestalla, otra vez refugio
Sesenta y siete años después de la riada del 57, la historia rimó de nuevo: una DANA de una virulencia extrema devastó comarcas al sur de Valencia —L'Horta Sud, la Ribera— dejando más de 200 víctimas mortales. Mestalla, esta vez, no se inundó, pero volvió a convertirse en refugio de otra forma.
El club abrió la puerta de acceso A4 del estadio como punto de recogida de alimentos y enseres de primera necesidad, en colaboración con el Banco de Alimentos, World Central Kitchen y Bomberos pel Món. Miles de valencianos hicieron cola desde primera hora para llevar donaciones; jugadores y el entrenador Rubén Baraja ayudaron a clasificarlas. El 23 de noviembre, ante el Betis, el equipo saltó al césped con una camiseta especial —«Amunt Valencians» al frente, «Units com sempre» a la espalda— cuya recaudación se destinó a recuperar la actividad deportiva y educativa de los niños afectados.
Camino al Nou Mestalla
Las obras del nuevo estadio comenzaron en agosto de 2007, pero la crisis financiera las paralizó el 25 de febrero de 2009, cuando el club no pudo afrontar el coste de la estructura metálica. Lo que se planteó como una pausa «temporal» se convirtió en más de quince años de silencio: el característico esqueleto de hormigón en forma de pétalos, visible desde la autopista, símbolo de una obra inacabada —como en esta imagen de 2013.
El 10 de enero de 2025, las máquinas volvieron a la obra. Con la constructora FCC al frente, el club estima un plazo de treinta meses para terminar el estadio, con la conclusión prevista para julio de 2027. Cuando abra sus puertas, el recorrido que empezó en un solar de huerta en 1919 llegará, un siglo después, a su siguiente hogar.
«Lim Go Home»
Desde que el empresario singapurense Peter Lim se hizo con el control mayoritario del club en 2014, buena parte de la afición ha ido perdiendo la paciencia. Las promesas de sanear las cuentas, reforzar el equipo deportivamente y terminar el Nou Mestalla se fueron posponiendo año tras año, mientras el esqueleto de hormigón del nuevo estadio permanecía parado junto a la autopista, como un símbolo incómodo de la gestión.
El descontento cristalizó en un lema que ha empapelado gradas, banderas, aviones y redes sociales: «Lim Go Home». Plataformas como Libertad VCF, respaldadas por decenas de peñas, han organizado manifestaciones multitudinarias por las calles de Valencia bajo consignas como «Per la dignitat del Valencia CF» y «Nos sobran los motivos». En octubre de 2024, dos aficionados fueron retenidos durante horas en el aeropuerto de Singapur tras fotografiarse con una pancarta de «Lim go home» frente a un hotel vinculado al empresario, un episodio que dio la vuelta al mundo y retrató hasta dónde había llegado el pulso entre club y afición.